Cómo es realmente dormir
en la Cardboard Village de Boom Festival

Dormimos 8 noches en la Cardboard Village de Boom Festival y esta fue la experiencia real: distancia, descanso, baños y si vale la pena elegirla.

En nuestra primera edición de Boom Festival elegimos alojarnos en la Cardboard Village, y después de pasar 8 noches ahí, ya podemos contar con bastante claridad cómo fue realmente la experiencia: qué nos gustó, qué no, y si la volveríamos a elegir.

Nosotros llegamos un día antes de que arrancara el festival, así que terminamos pasando ahí una estadía bastante larga. Y eso, en cierto punto, también nos permitió vivir la experiencia completa, no solo desde la emoción de los primeros días, sino también desde el cansancio acumulado que aparece al final.

Cardboard Village en Boom Festival

Lo menos cómodo: la distancia

Si hay algo que hay que decir desde el principio es que la Cardboard Village queda bastante alejada de donde pasa casi toda la acción del festival. Además, está ubicada en una zona en subida, así que cada ida y vuelta se siente.

Todos los días hacíamos prácticamente la misma rutina: bajábamos con todo lo necesario para pasar varias horas afuera, agua, abrigo y cosas para el día, e intentábamos aprovechar al máximo sin tener que volver. Generalmente regresábamos a mitad del día para ducharnos, descansar un poco y salir otra vez.

El problema era, claramente, la vuelta. Después de bailar durante horas, subir otra vez hasta la Cardboard Village se sentía muchísimo. Y de noche todavía más, porque el camino no tenía demasiada iluminación. Muchas veces nos guiábamos por las luces que la misma gente colgaba en sus carpas. No era lo más cómodo del mundo, pero se podía hacer. Y sí: sobrevivimos.

Camino hacia la Cardboard Village

Lo mejor: más tranquilidad para dormir

La gran ventaja de dormir ahí era el descanso. Al estar más alejada, había mucho menos ruido y, en general, menos movimiento de gente alrededor. Para quienes valoran poder dormir un poco mejor dentro de un festival como Boom, eso suma bastante.

La estructura en sí también nos sorprendió para bien. La carpa era bastante fresca y eso ayudaba muchísimo a poder dormir hasta más tarde por la mañana, algo que no siempre pasa en los campings de festivales, donde el calor te saca de la cama muy temprano.

Eso sí: para que la experiencia sea realmente buena, el spot importa mucho. Lo ideal es encontrar un lugar que quede bajo algún árbol o que tenga sombra la mayor parte del día. Eso hace una diferencia enorme.

¿Se duerme bien?

En nuestro caso, el espacio fue suficiente para dos personas. No era enorme, pero tampoco incómodo al punto de molestar. Cada uno tenía su colchoneta, que se paga aparte, y en general dormimos bastante bien.

Lo que sí hay que tener en cuenta es que las noches pueden ser frías. A nosotros nos tocaron varias noches frescas y como no te dan sábanas ni mantas, terminamos usando nuestros propios abrigos para taparnos. No fue grave, pero es algo importante para ir preparado.

El tema baños y duchas

Otro de los puntos menos cómodos era el baño, sobre todo por la mañana. Había largas filas para usar las duchas, y además durante el día el agua de las duchas se corta, así que hay ciertos momentos donde todo el mundo intenta bañarse al mismo tiempo.

Con los baños pasaba algo parecido. No eran de uso exclusivo para la gente de la Cardboard Village, así que también los usaban personas que estaban alojadas en otras zonas del festival. Como era el único baño de ese sector, en algunos momentos se notaba bastante la cantidad de gente.

Baños y servicios cerca de la Cardboard Village

Entonces, ¿vale la pena?

En general, nuestra experiencia fue positiva. Hubo incomodidades, claro, especialmente por la distancia, la subida y el tema de los baños. Pero también tuvo cosas muy buenas: más tranquilidad, menos ruido y una estructura bastante cómoda para descansar dentro del contexto de un festival así.

Ya hacia el final de la estadía, la puerta de cartón empezó a desgastarse y quedaba medio abierta, algo bastante lógico después de tantos días de uso. Fuera de eso, estuvo todo bastante bien y fue una experiencia distinta, interesante y hasta divertida de probar.

La gran pregunta ahora es: ¿la volveríamos a elegir la próxima vez? La respuesta honesta es: todavía no lo sabemos. Tiene sus ventajas, pero también exige bastante físicamente. Si priorizás descanso y menos ruido, puede ser una muy buena opción. Si preferís estar más cerca del centro del festival, probablemente no sea la mejor.

Exterior de la Cardboard Village en Boom Festival