Después de dos años consecutivos yendo a Universo Paralello, y ya preparándonos para el tercero, podemos decirlo sin dudar: es una experiencia increíble que hay que vivir al menos una vez en la vida.
Universo Paralello no es solo un festival. Gran parte de lo que lo vuelve tan especial es el lugar en el que sucede. Está ubicado en un verdadero paraíso, alejado de todo, frente a una playa inmensa de aguas cálidas, donde durante varios días pareciera que la vida real queda completamente en pausa.
Nuestra primera edición, eso sí, no fue fácil. El calor puede ser realmente intenso, y probablemente sea una de las primeras cosas que más impactan cuando llegás. El día empieza muy temprano, aunque uno no quiera: alrededor de las 5:30 de la mañana el sol ya empieza a pegar fuerte y quedarse dentro de la carpa se vuelve casi imposible.
Ahí arranca otra parte de la experiencia. Salís a caminar medio dormido, buscando un poco de sombra, algo que dentro del festival no siempre es tan fácil de encontrar. Y cuando ya no sabés muy bien cómo escapar del calor, terminás entrando al mar para refrescarte… aunque incluso el agua, muchas veces, también está caliente.
Pero lo más curioso es que todo eso termina pasando a un segundo plano. Porque en Universo Paralello, a cualquier hora del día siempre está pasando algo. Desde grandes DJs tocando hasta performances, intervenciones artísticas y escenas que aparecen de repente y hacen que todo el festival se sienta vivo las 24 horas.


Con sus seis pistas, siempre hay algo distinto para ver, escuchar o descubrir. No importa si querés psytrance, algo más tranquilo, explorar otro sonido o simplemente dejarte llevar: hay espacio de sobra para encontrar tu propio recorrido dentro del festival.
Nuestra rutina allá solía empezar así: despertarnos, agarrar el folleto con los horarios y decidir qué queríamos ver ese día. Y a partir de ahí, dejar que todo fluya. Entre set y set, descansábamos un poco, caminábamos por el paseo de puestos artesanales, mirábamos lo que había, comíamos algo rico o simplemente frenábamos un rato a tomar un açaí helado frente al mar.
Y así, casi sin darte cuenta, empiezan a pasar los días en Universo Paralello. Entre el cansancio, el calor, la música, la playa y todo lo que se vive ahí, se van formando recuerdos muy intensos. De esos que quedan grabados por mucho tiempo.
Tal vez por eso tanta gente vuelve. Y tal vez por eso nosotros también seguimos queriendo volver. Porque Universo Paralello tiene algo difícil de explicar: una mezcla de caos, belleza, libertad y desconexión que se extraña mucho cuando termina. Y que, de alguna manera, te hace sentir muy vivo.